Suenan las campanas mientras un viejo en su esquife vuelve al puerto con el cuerpo cansado y un par de peces en la bolsa. Avanza hacia el bar de la villa donde encuentra a los parroquianos habituales y se sienta en su taburete cotidiano a ver el resumen deportivo en la televisión mientras en la cocina le preparan una de sus presas. Hoy cena, mañana desayuno, después habrá que volver a salir al mar.
En televisión aparecía la joven reportera que analizaba el juego de su equipo y mientras comía escuchaba. En el bar se iba generando un bullicio en torno a una problemática local.
La cuestión era si el puerto y sus alrededores debían abrirse a grandes embarcaciones. El pueblo había crecido y su principal actividad económica ya no sólo era la pesca, sino también el turismo.



















