El vecino odiado del barrio
Desde hace varios años, el número de inmigrantes llegando a las puertas de Europa crece.
Tal como un vecino apático, paranoico, miedoso del contacto humano y solitario infundado, el Viejo Continente se vuelve sordo cuando llaman al timbre. Con su miedo, mira a través de las cortinas y ve a un grupo de personas distintas, entre ellas y sobre todo a él. Llaman a la puerta, con intensidad, con voluntad, en búsqueda de alguna ayuda. Esas personas pensaban conocer a este vecino grande y poderoso. Iban muchas veces a instalarse a sus países de origen con la (buena y falsa) intención de ayudarles y echarles una mano para que sus casas sean llenas de recursos, seguridad, derechos y libertades.






