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viernes, 28 de agosto de 2015

La caída del hombre | Por Eneko Orueta Iradi.

¿Hay realmente una crisis existencial de los humanos generalizada hoy en día? Algunas personas creen que así es, consecuencia de la pérdida de identidad que se piensa que se está produciendo a raíz de los procesos que se están viviendo, principalmente la globalización cultural y económica del planeta, aculturación para algunos críticos, tema que ya toque levemente anteriormente al hablar de John Zerzan, pero que no deja de estar profundamente relacionado con este asunto. Quizás sea el mayor problema “intelectual” al que el hombre se enfrenta actualmente, a pesar de no ser algo de lo que todo el mundo esté bien informado, o simplemente no están interesados en ello. Y es que los intereses de unos pocos están condicionando todo el globo a unos niveles nunca vistos, gracias en gran parte al progreso que ha permitido la comunicación de todas las comunidades del mundo. Se podría decir, visto de otra manera, que la economía, en su mayor parte bajo su forma neoliberal, ha sobrepasado sus límites, y ha asaltado el poder que antes estaba mucho más repartido en forma de pequeñas sociedades y estados autónomos, poder que ahora es conservado mediante coacción económica por las grandes instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, para muchos las nuevas dominus et deus del mundo, un contubernio de grandes riquezas y empresarios que tienen bajo su control no solo la vida, también la mente de la mayor parte de la población.

Renovar la Democracia | Por Eneko Orueta Iradi.


Una democracia deja de desempeñar bien su función cuando la participación en ella resulta complicada, desconocida o simplemente hay un desinterés general por parte de los habitantes, lo que nos exige un cambio para que esta circunstancia cambie. ¿Sí ahora saliéramos a la calle y preguntásemos a cualquier persona sobre que es la democracia y como funciona esta, qué nos respondería? Quizás, antes de plantearnos como se puede mejorar el actual sistema de participación de los ciudadanos, deberíamos pensar como se puede empoderar a una ciudadanía a la que no se le han inculcado valores democráticos, y que carecen de una capacidad suficiente como para poder participar correctamente en este sistema. Y es que uno de los principales pilares para que una democracia funcione es la educación que reciben sus participantes. La educación es vital para hacer entender a los ciudadanos la importancia que tiene el participar en los mecanismos democráticos, principalmente en las votaciones, al ser este el método para expresar la decisión de la población más usado. También es fundamental para evitar la manipulación de la masa votante por parte de sectores interesados en ello, ya que un individuo mejor educado y más crítico es más difícil de dejarse llevar fácilmente por opiniones y conclusiones ajenas. A pesar de ello, esta puede convertirse en un arma de doble filo, ya que a su vez puede ser una herramienta con la que distorsionar la realidad que se le inculca al individuo y engañarlo. Pero de todas maneras, es un riesgo necesario muchas veces para alcanzar ese bien común que es una democracia sana y abierta a la participación de todos.

Un pueblo instruido es difícil de gobernar | Por Luis González Campo.

Somos humanos, nos gusta el poder y durante siglos hemos exhibido nuestra vanidad censurando cualquier avance que nos hiciera débiles. Ya en la antigüedad el poder se opuso a que la escritura estuviera en manos del pueblo. Un pueblo analfabeto es más fácil de gobernar que un pueblo instruido y han sido varias las veces en la historia que las clases en el poder han intentado vetar el acceso al progreso y la cultura a las clases más pobres. La quema de grandes bibliotecas como Tebas o Alejandría, la destrucción de libros y manuscritos por parte de los radicales beréberes en la floreciente cultura Andalusí, la eliminación por parte del clero casi por completo de cualquier documento escrito de la increíble y todavía enigmática cultura Maya por considerarlo demoníaco y el holocausto bibliotecario llevado a cabo por los nazis el siglo pasado son ejemplos de cómo el progreso no gustaba a todos. Progreso igual a libertad, quizá la palabra libertad no gustase a muchos.